La historia

La monarquía inglesa


En las Islas Británicas a mediados del siglo XI había cuatro reinos: Escocia, los padres de Gales e Irlanda, compuestos por pueblos celtas, e Inglaterra, compuesta por pueblos anglosajones.

En 1066, el duque Guillermo de Normandía (norte de Francia) invadió y conquistó Inglaterra.

Guillermo el Conquistador, como se le conoció, era el vasallo del rey francés. Dividió Inglaterra en condados, a los cuales nombró a un funcionario para representarlo. Este funcionario tenía autoridad sobre todos los habitantes, ya sean señores o campesinos. Con esto, William finalmente fortaleció su poder.


Imagen de Guillermo el Conquistador

En 1154, un noble francés, Henry Plantageneta, pariente de William, heredó la Corona del Reino de Inglaterra, rebautizada como Enrique II (1154-1189). En este período, la centralización del poder se produce en Inglaterra.

Enrique II fue sucedido por su hijo, Ricardo Corazón de León (1189-1199). Desde los diez años de su gobierno, Ricardo estuvo ausente de Inglaterra durante nueve años, liderando la Tercera Cruzada y luchando en el continente europeo para mantener su dominio en las Islas Británicas. Esta larga ausencia causó el debilitamiento de la autoridad real y el fortalecimiento de los señores feudales.

En el reinado de Juan el sin tierra (1199-1216), hermano de Richard, el debilitamiento de la autoridad real fue aún mayor. Después de ser derrotado en conflictos con Francia y el papado, la nobleza inglesa obligó a John the Landless a firmar un documento llamado Carta Magna. Según este documento, la autoridad del rey de Inglaterra era bastante limitada. No podía, por ejemplo, aumentar los impuestos sin el permiso previo de los nobles. La Carta Magna declaró que el rey podía crear impuestos solo después de escuchar al Gran Consejo, compuesto por obispos, condes y barones.

Enrique III (1216-1272), hijo y sucesor de Juan el Sin Tierra, además de la oposición de la nobleza, enfrentó una fuerte oposición popular. Un noble, Simon de Montfort, dirigió una revuelta aristocrática y, para obtener la membresía popular, convocó un Gran Parlamento, al que asistieron representantes de la burguesía y la nobleza.

En el reinado de Eduardo I (1272-1307), se oficializó la existencia del Parlamento. Durante los reinados de Eduardo II y Eduardo III, el poder del parlamento continuó fortaleciéndose. En 1350, el parlamento se dividió en dos cámaras: la Cámara de los Lores, formado por el clero y los nobles, y el Cámara de los Comunes, formado por los caballeros y los burgueses.

Como podemos ver, en Inglaterra el rey tenía su poder restringido por la Carta Magna y el Parlamento. Pero eso no significaba una amenaza a la unidad territorial o un poder central debilitado, sino todo lo contrario. Al mando del rey, dentro de los límites impuestos por el Parlamento, Inglaterra se convertiría en uno de los países más poderosos de Europa a partir del siglo XVI. Hasta el día de hoy, Inglaterra es una monarquía parlamentaria.


La Torre de Londres fue, durante la Edad Media, el centro del poder real en Inglaterra. A medida que el Parlamento ganó sus poderes, su importancia disminuyó.